EN LA VIÑA

Las cosechas se recogen y seleccionan a mano en el momento óptimo ..

Enero: Las cepas duermen. Sin hacer mucho ruido hacemos la poda de invierno. Sacamos de cada cepa la parte de madera que sobra. Guardamos los sarmientos, harán una buena brasa para los “calçots”!
Febrero: La cepa, desnuda, sin el peso de las ramas muertas y después del descanso de invierno, coge fuerza para volver a nacer.
Marzo: La viña despierta y parece llorar, de alegría, por supuesto! El llanto es aquel momento mágico en que la savia nueva empuja a la vieja y ésta gotea como si fuera una lágrima.
Abril: Las cepas empiezan a borronear, nacen los primeros brotes.
Mayo: Empieza la poda en verde. Con cuidado le sacamos a la cepa los pequeños retoños y dejamos solo dos yemas por cada tallo. De esta forma, los nuevos brotes crecen sanos y fuertes, circula bien el aire y están expuestos al sol que les proporciona nutrientes para todos.
Junio: Continua la poda en verde. Es el momento de la floración, momento clave. La viña necesita paz y tranquilidad.
Julio: Terminada la floración, todo se acelera. Cambio de estado fenológico: las uvas que tenían el tamaño de un guisante pasa a cerramiento del racimo y entonces es cuando se inicia el envero en las variedades más tempranas. El envero es el cambio de color de la uva: de verde a amarillo o de verde a negro.
Agosto. Continúa el envero en las variedades más tardías. Los frutos maduran. Vendimia de la uva blanca.
Septiembre. Vendimia de las variedades negras.
Octubre. Terminamos la vendimia. Transcurrido el momento de máxima actividad en la viña, vuelve la calma y dentro de las cepas la savia retrocede. Se crea una reserva de nutrientes, una despensa para pasar el invierno pero, fundamentalmente, para tener fuerzas suficientes para volver el próximo año.
Noviembre. La viña se convierte en un mosaico de mil colores. Se viste de otoño. Caen las hojas.
Diciembre: Las cepas duermen, entran en parada invernal.
Enero: Las cepas duermen. Sin hacer mucho ruido.